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Las historias del archivo

El pueblo.
Morata en el mapa del vino

Entre 1885 y 1909, un vecino de Morata de Jalón que firmaba A. B. escribió a la Crónica de Vinos y Cereales, un periódico del comercio del vino, para contar la vendimia, los precios, el tiempo y las plagas. A veces también se quejaba del Gobierno.

Sus cartas, y las de otros corresponsales antes y después, cuentan cómo vivía del vino un pueblo entero.

Capítulo 1

Antes de la bodega: un lugar habitado

La Antigüedad

La historia de Morata empieza mucho antes de los nombres de sus bodegas. En el término del pueblo han aparecido restos celtibéricos: cerámica, piezas de hierro y un molino de piedra, recogidos en un estudio de Manuel Medrano Marqués y María Antonia Díaz Sanz sobre el Jalón medio.

Esos objetos hablan de gente que vivió aquí hace más de dos mil años. Del vino de entonces no dicen nada: la historia de su viñedo empieza en otros papeles.

Morata de Jalón desde el aire en 1935: el pueblo al pie de la sierra, las eras en la ladera y la vega del Jalón.
Morata de Jalón desde el aire, en 1935: el pueblo al pie de la sierra, las eras en la ladera, la vía del tren y, abajo, la vega del Jalón. Walter Mittelholzer, 1935. ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv, dominio público.

Capítulo 2

«Como los del campo de Cariñena»

De 1855 a 1885

En mayo de 1855 corría la voz de que toda la cosecha de Morata estaba vendida. Para desmentirla, un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia avisó de que en el pueblo quedaban «una buena porcion de alqueces de vino de tan buena calidad como los del campo de Cariñena». El alquez era la medida del vino: unos ciento veinte litros.

Las cartas de esos años hablan de un comercio que sube y baja. En enero de 1879 el vino estaba parado, a cinco reales y medio el cántaro; en 1883 Morata vendió dos mil alqueces de clase superior a 32,50 pesetas. En la Exposición Vinícola de 1877 salieron premiados ocho productores del pueblo, y en 1885 el corresponsal lo resumía así: el vino era «el negocio mas importante de este pueblo».

1855

Vino de Morata,
«como los de Cariñena»

Anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, 9 de mayo de 1855, p. 4.. Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza
Anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, 9 de mayo de 1855, p. 4.. Ver la ficha

Capítulo 3

Las pipas desbordan la estación

De 1886 a 1892

«No pudiendo contener el muelle de esta estacion el gran número de pipas que diariamente se median, se veían detenidas en sus alrededores y por las calles gran número de ellas.» Es la primera carta que firma A. B., a finales de 1885. El vino se vendía cuando aún estaba en los lagares, a 45 y 47 pesetas el alquez, y venían a comprarlo franceses y españoles.

Francia tenía sus viñas mermadas por la filoxera y, según A. B., compraba a España entre ocho y nueve millones de hectolitros al año. Morata tenía la estación en el propio pueblo, y poner un alquez sobre el vagón costaba una peseta. En diciembre de 1891 y enero de 1892 hubo días de veinte y treinta vagones de vino: hubo que poner turnos para cargar, y el jefe de la estación consiguió los vagones a tiempo.

1886

Las pipas no caben
en el muelle

Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 2 de enero de 1886, p. 3.. Las pipas desbordan la estación
Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 2 de enero de 1886, p. 3.. Ver la ficha

Capítulo 4

El mildiu y el sulfato

De 1889 a 1890

En 1889 el mildiu, un hongo que ataca la hoja y la uva, dejó a casi todo el pueblo sin vendimia. Había remedio, el sulfato de cobre, pero muchos vecinos no se fiaron. A. B. lo contó con rabia: hicieron más caso a «los absurdos que personas ignorantes propalaban» que a los consejos. Los que no sulfataron cogieron una sexta parte de lo normal; las viñas sulfatadas, entre ellas las suyas, dieron una cosecha abundante.

La primavera siguiente nadie quiso quedarse atrás. Un comerciante del pueblo había traído sulfato de Londres, llegaron más de 25.000 kilos y en casa del señor Tores lo fiaban hasta la cosecha. «Los que tienen medios están provistos de pulverizadores, los demás de pozales y escobillas.» Los más reacios probaron a untar los brotes con aceite, y todas las yemas untadas se murieron.

1889

El mildiu se lleva
la cosecha

Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 21 de mayo de 1890, p. 2.. Pozales y escobillas contra el mildiu
Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 21 de mayo de 1890, p. 2.. Ver la ficha

Capítulo 5

Cómo se hacía el vino

1889 y 1890

Morata no solo hacía vino con sus uvas. El término estaba «dedicado exclusivamente al cultivo de la vid», y los pueblos de alrededor traían aquí casi toda la suya. En 1889 la uva se pagó a diez y once reales la arroba: según A. B., de los precios más altos de España.

En noviembre de 1890 contó cómo se elaboraba. Se vendimiaba en sazón, apartando el fruto malo; se limpiaban bodegas y vasijas; se pisaba o se pasaba por estrujadoras, y el mosto fermentaba en lagares abiertos, con la pasta sumergida bajo unos emparrillados. Salían vinos de 15 y 16 grados, de «vivo color grana», buenos para viajar a Francia. Ese año no se les echó yeso, por las normas del gobierno francés.

1890

Lagares abiertos
y emparrillados

Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 26 de noviembre de 1890, p. 2.. Crónica de Vinos y Cereales : periodico mercantil, de noticias y anuncios
Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 26 de noviembre de 1890, p. 2.. Ver la ficha

Capítulo 6

Francia cierra la puerta

De 1892 a 1896

En 1892 Francia protegió su vino. Los de Morata, que pasaban casi todos de quince grados, tenían que pagar 14,80 francos por hectolitro en la aduana francesa, y a ese precio no salían a cuenta. A. B. pedía al Gobierno que negociara sin regalar nada: «debemos tratar según se nos trate».

El precio se hundió. El alquez que en 1886 se pagaba a 45 pesetas bajó a 7 en 1893, y a 5 o 6 si iba a las fábricas de alcohol. «Con estos precios se hace imposible el cultivo del viñedo», escribió. En el invierno de 1895 muchas viñas se quedaban sin labrar, y los braceros pasaban «una temporada llena de privaciones». La cosecha de ese año trajo un respiro: se vendieron ocho mil alqueces a Francia, a Cataluña y a las alcoholeras.

1892

14,80 francos
por hectolitro

Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 8 de junio de 1892, p. 2.. Crónica de Vinos y Cereales : periodico mercantil, de noticias y anuncios
Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 8 de junio de 1892, p. 2.. Ver la ficha

Capítulo 7

Luz, remolacha y vinos de 21 grados

De 1897 a 1903

En 1897, la matrícula industrial retrata el pueblo: una ferretería, tres tiendas de tejidos, seis de comestibles, cuatro tabernas, dos posadas, seis carniceros, el Casino Agrícola é Industrial, un molino harinero, dos de aceite, una tejería, un horno de cal, dos fabricantes de vino y dos fábricas de alcohol. La mayor, la de Bayo y Domínguez, tenía a final de año una alquitara de 2.100 litros.

En las fiestas de San Roque de 1899 se encendió la luz eléctrica, que llegaba de la Industrial Jalonesa de Morés, y ese año se sembraron, de prueba, los primeros campos de remolacha azucarera. En 1903 el mostillo de Morata, dulce de mosto, salía entre las especialidades de Aragón, y en sus bodegas había vinos de «veintiun grados, ó sea 15 de alcohol y seis de azúcar», que las casas de Reus y Tarragona buscaban para Inglaterra.

1899

Luz eléctrica
en San Roque

Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 13 de septiembre de 1899, p. 2.. Crónica de Vinos y Cereales : periodico mercantil, de noticias y anuncios
Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 13 de septiembre de 1899, p. 2.. Ver la ficha

Capítulo 8

La filoxera

De 1900 a 1909

La filoxera, un insecto que mata la vid por la raíz, se fue acercando. En agosto de 1900 el ingeniero agrónomo de la provincia, el señor Gayau, examinó raíces del término y no la encontró, pero ya había focos en los partidos de Borja y Cariñena. A. B. lo vio claro: «en un término corto veremos destruída la principal riqueza de este pueblo».

En febrero de 1908 el viñedo había desaparecido, y la uva de Morata no daba ni para el vino del pueblo. Empezó entonces la replantación con vides americanas, que resisten la plaga: ese invierno se iban a plantar unas 500.000 cepas, con todos los jornaleros del pueblo y muchos de fuera. Año y medio después se habían acabado los recursos, y A. B. escribía de tarde en tarde, «por ser poco grato» contar una situación tan precaria.

1908

500.000 cepas
americanas

Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 12 de febrero de 1908, p. 2.. Crónica de Vinos y Cereales : periodico mercantil, de noticias y anuncios
Carta de A. B., Crónica de Vinos y Cereales, 12 de febrero de 1908, p. 2.. Ver la ficha

Capítulo 9

Después de la plaga

De 1915 a 1953

La viña volvió. En agosto de 1916, otro corresponsal, Bienvenido Serrano, escribía en La Revista Vinícola que el viñedo estaba «inmejorable, muy sano y con abundante fruto», y el alquez se pagaba a 60 pesetas, más del triple que en 1909. En 1928 una taberna de Huesca anunciaba «vino lícito y natural de uvas de Morata de Jalón».

A principios de los años treinta empezó a funcionar junto a la estación la fábrica de Cementos Portland, la nave larga que se ve en la foto aérea de 1935. El vino siguió saliendo de Morata: en abril de 1953 se vendieron seis cisternas, y ese otoño su vino viejo de 17 grados estaba entre los mejor pagados de Aragón.

1916

El viñedo,
«inmejorable»

Morata de Jalón desde el aire en 1935, con la nave larga de la fábrica de cemento junto a la estación.
Morata de Jalón desde el aire, en 1935: el pueblo, la vía que lo bordea y la nave larga de la fábrica de cemento junto a la estación. Walter Mittelholzer, 1935. ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv, dominio público.

Sigue por otro camino

El pueblo tiene una casa

Una de esas bodegas de Morata sigue abierta: la de los Burbano, después de los Jaime, hoy Casa Turmeon.